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Entrevista a Evelyn Elsaesser, autora de 'Cuando los difuntos nos visitan'

Entrevista a Evelyn Elsaesser, autora de 'Cuando los difuntos nos visitan'

Hablamos con Evelyn Elsaesser, reconocida autora e investigadora suiza que lleva más de treinta años estudiando las vivencias subjetivas de contacto con difuntos (VSCD) y otros fenómenos relacionados con la muerte, sobre su libro Cuando los difuntos nos visitan.

 

¿Qué son las vivencias subjetivas de contacto con un difunto (VSCD)?
Una vivencia subjetiva de contacto con un difunto, o VSCD, se produce espontáneamente, sin intención por parte de la persona que vive la experiencia (el receptor), ni causa externa aparente. Las VSCD son contactos directos, aparentemente iniciados por el difunto, sin intervención de un médium –o canal– y sin utilización de la escritura automática, la transcomunicación instrumental (TCI) u otros procedimientos. Los contactos establecidos por iniciativa del que sufre el duelo a través de un médium son un fenómeno distinto, no son VSCD.

¿Cómo se manifiestan las VSCD?
Se han identificado diferentes tipos de contactos con los difuntos, que pueden percibirse con los cuatro órganos sensoriales: el oído, el tacto, el olfato y la vista (el sentido del gusto no es concernido). Las personas en duelo pueden experimentar, poco después del fallecimiento o durante un periodo más largo, diferentes tipos de experiencias percibidas como iniciadas por el propio difunto o puede repetirse un mismo tipo de contacto. Muy a menudo se ven implicados simultáneamente varios órganos sensoriales; por ejemplo, podemos oír a una persona fallecida que nos dice que está bien y que no debemos preocuparnos por ella, a la vez que sentimos el olor de su colonia preferida. Algunos tipos de VSCD son más frecuentes que otros. Los contactos durante el sueño o la impresión de sentir la presencia del familiar o amigo fallecido son muy corrientes, mientras que la percepción del difunto provisto de un cuerpo que parece sólido es un fenómeno más raro e impresionante, sobre todo cuanto la aparición inicia un diálogo telepático. Estos contactos, que se manifiestan en una multitud de formas y situaciones, engendran una impresión de amor, de ternura y a de solicitud. Muy a menudo son alegres e incluso imprimidos por el humor característico del difunto. Las VSCD son breves, duran apenas unos segundos, como máximo unos minutos. Pueden ocurrir en cualquier lugar, adentro y afuera, en casa, en el despacho, en la naturaleza, en un barco, etc. Pueden ocurrir en cualquier momento del día o de la noche.

¿Cuánta gente las experimenta?
Las VSCD espontáneas y directas son muy habituales. La investigación indica que entre el 30% y el 50% de las personas en duelo experimentan una o varias VSCD. Entonces, es probable que millones de españoles y sudamericanos hayan experimentado vivencias subjetivas de contacto con un difunto y, sin embargo, apenas se ha documentado este fenómeno en los países hispanohablantes. Existe una discordancia muy notable entre la vivencia de numerosas personas y su consideración mediática e incluso podemos decir que sociológica, pues, dada esta frecuencia, se trata de un hecho de sociedad.

¿Quién está experimentando las VSCD? 
La gran mayoría de los receptores están de luto, pero no todos. Puede suceder que una persona que no está de luto recibe un mensaje para una tercera persona que, ella, está de luto. Todo sucede como si los fallecidos se manifestaran donde fuera posible, donde pueden ser percibidos. En el estado actual de la investigación, no se sabe por qué algunas personas viven una VSCD y otras no.

¿Cuándo se producen las VSCD?
La mayoría de las experiencias se producen a lo largo del año siguiente al fallecimiento, con una fuerte concentración en las primeras veinticuatro horas y hasta siete días después de la muerte. Contactos también pueden producirse, con una frecuencia decreciente, de dos a cinco años después del fallecimiento. Los contactos que tienen lugar transcurridos entre cinco y más de treinta, incluso cuarenta, años tras el fallecimiento son mucho más raros y, a menudo, se producen en situaciones de crisis. Estas VSCD «de protección» sirven para advertir a los receptores de un peligro inminente, potencialmente fatal, y les permiten evitar un accidente, un ahogamiento, una agresión, socorrer a un niño en peligro, etc.

¿Qué “dicen” los difuntos?
Cada mensaje es único porque está dirigido a una persona en particular y marcado por un pasado común y una historia común, única también. No obstante, se pueden esquematizar los contenidos porque, en esencia, son relativamente homogéneos. El mismo hecho de que parece que puedan comunicarse con los vivos implica que los difuntos continúan una existencia –en otra parte–, cuya naturaleza sobrepasa nuestra comprensión. El impacto más fuerte procede, sin duda, de esta aparente capacidad de toma de contacto, una revelación para unos y la confirmación de una convicción preexistente para otros (una forma de conciencia sobrevive a la muerte física). Los mensajes suelen estar impregnados de amor (Te quiero, siempre estaré a tu lado, velo por ti) y tranquilizadores (Estoy bien, no te preocupes por mí). Animan a las personas que sufren a salir de su duelo (No estés triste, continúa tu camino en la vida), pero también a no retenerlos (Déjame partir, soy feliz); a veces, dejan entrever una reunión futura (Nos volveremos a ver un día). Cuando las relaciones entre el receptor y el difunto eran conflictivas o dolorosas, los contactos sirven para pedir perdón, o en ocasiones para justificarse (Te he hecho daño, perdóname, esto es lo que me llevó a actuar de aquella manera…). 
No es tanto el contenido de los mensajes lo que es esencial, sino el hecho de que los fallecidos aparentemente todavía pueden contactar con los vivos. Esto implica que habrían sobrevivido a la muerte de sus cuerpos y, si es así para ellos, lo será también para nosotros…
Hay que señalar que los mensajes no contienen ninguna información sobre la nueva forma de existencia de los difuntos y no revelan nada de su «nueva morada». Solo se describe sumariamente el estado de ánimo de la persona fallecida (Estoy bien, soy feliz).

Entrevista a Evelyn Elsaesser, autora de 'Cuando los difuntos nos visitan'

¿Qué impacto tienen las VSCD en los receptores? 
Los receptores perciben de inmediato una VSCD como una experiencia que trastorna pero feliz, y no dudan ni un instante de su autenticidad. El hecho es que vivir una VSCD es un acontecimiento que deja huella. Tanto si estos contactos son la respuesta a un deseo íntimo como si se producen de manera completamente inesperada, tienen un impacto tal que los receptores no piensan ni por un instante haber sido víctimas de una ilusión o incluso de una alucinación. En su conjunto, estas experiencias, a menudo consideradas como espirituales, son asumidas como un regalo.
Las VSCD aportan consuelo, felicidad, ayuda y fuerza para proseguir el camino de la vida sin el ser querido. Los receptores tienen la sensación de continuar siendo amados, el ser querido parece velar por ellos desde otra dimensión y el amor parece sobrevivir a la muerte. Estos elementos constituyen una poderosa fuente de consuelo. El mensaje esencial y homogéneo de las VSCD es claro: una cierta forma de conciencia y el amor sobreviven a la muerte del cuerpo. Los difuntos tranquilizan a sus familiares o amigos: se encuentran bien y están sosegados y felices en su nueva forma de existencia, de la que no revelan nada.

¿Qué impacto tienen las VSCD en los procesos de duelo?
Los contactos post mortem son experiencias positivas, conmovedoras y alegres, llenas de amor y de solicitud, que atenúan la tristeza de las personas en duelo. Estas personas consideran el acontecimiento como real, ajustan su sistema de creencias en consecuencia y, en el mejor de los casos, encuentran un nuevo sentido a la vida y a la muerte. Interpretan las VSCD como la prueba subjetiva de que la muerte no es más que un paso y que no debe ser motivo de temor, y el miedo a su propia muerte puede aligerarse. Los consejos de los difuntos de no llorarlos durante demasiado tiempo y de continuar su vida en espera de reunirse un día con ellos son de una importancia capital para el proceso de duelo. En esto, las VSCD son terapéuticas por naturaleza, porque responden a las necesidades de las personas en duelo.
Estos contactos son altamente beneficiosos y terapéuticos, siempre que las personas en duelo consigan establecer una distinción clara entre la partida física definitiva del ser amado –que los obliga a reorganizar su vida en consecuencia– y la nueva relación interior que se trata de crear y en la que estos contactos se inscriben perfectamente.

¿Las VSCD son reales o son alucinaciones?
Hasta hoy en día, la investigación científica no puede probar la existencia de contactos espontáneos y directos entre los vivos y los muertos, puesto que no pueden ser reproducidos en el laboratorio.
Sin embargo, hay múltiples indicios – no hablo de pruebas – que apoyan la tesis de la autenticidad de las VSCD:
-    Su frecuencia de ocurrencia: millones de personas los han experimentado en todo el mundo (entre el 30% y el 50% de las personas en duelo)
-    Su impacto en los receptores: se ven impactados profunda y duraderamente por la experiencia; muchos cambian su percepción de la vida y de la muerte en consecuencia. Aunque la VSCD solo dura unos pocos segundos, a lo sumo unos pocos minutos, su impacto es tan poderoso que se recuerda y se valora durante muchos años.
-    Las VSCD no son un fenómeno aislado, se sitúan en un contexto más amplio. Cuando se estudian en conjunto poniéndolas en paralelo y comparando su fenomenología y sus efectos con otros fenómenos alrededor de la muerte, como las experiencias cercanas a la muerte (ECM), las visiones en el momento del fallecimiento, y las comunicaciones con los difuntos establecidas a través de un médium, se constatan similitudes sobrecogedoras.
Además, la hipótesis de que las VSCD serían una compensación inconsciente debido a la tristeza del luto no se sostiene, dado que los receptores no siempre están de luto. No lo están en los siguientes casos:
-    VSCD para una tercera persona: el receptor no está de luto cuando recibe un mensaje para una persona que, ella, está de luto.
-    VSCD en el momento del fallecimiento: los receptores ven y se comunican con un ser querido en el momento preciso de la muerte de este último, que se produce en un lugar diferente (por ejemplo, en el hospital, en otro país, etc.); eso pasa incluso si la muerte no fue predecible (accidente, ataque cardíaco, etc.). Evidentemente, los receptores aún no están de luto en el momento de la VSCD.
-    VSCD de protección: Teniendo en cuenta el gran número de años que a menudo ha transcurrido entre el fallecimiento y la VSCD, el receptor o bien ya no está en duelo desde hace tiempo, o bien nunca lo ha estado (el caso del receptor que era un niño en la época del fallecimiento, etc.).
-    VSCD con un difunto desconocido: a veces ocurre que los receptores ven difuntos desconocidos; los receptores los tomaban por personas de carne y hueso hasta que su desaparición fulgurante les hacía comprender que en realidad se trataba de una aparición. Obviamente, los receptores no están de luto.


 

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